Y es que… si la televisión cambió los objetivos y modos políticos de la radio, éstos también vapulearon a los anteriores de la prensa escrita, que a su vez convulsionaron los de las octavillas y la presencia verbal; y la Web representa una nueva conmoción: no se trata de trasladar a Internet lo que parece funcionar en otros medios, sino de encontrar un nuevo camino en el que la Web tiene prestancia propia de “mercado electoral autónomo”. Así que no se trata de sentido común aplicado (al inventar el teléfono, Graham Bell pensó que su aplicación inmediata –y evidente– sería la de escuchar óperas a distancia), sino de aplicar nuevas estrategias y tácticas a un nuevo mercado, en el que se da una e-squizofrenia de comportamiento en las personas que lo habitan respecto de sus otros mercados habituales: esto es, la gente se comportan en la Web de forma distinta a como lo haría en los otros medios. No valen, pues, las simples transposiciones: un político hábil (o incluso excepcional) en directo, prensa o TV no es, de forma general, un político apto para la Web; como tampoco lo serían comunicadores, diseñadores, promotores o analistas tradicionales. Y lo peor es que la nueva prestancia requerida no se absorbe por simple “sentido común” (y ahí están los bancos, entre otros, para corroborarlo). Es el momento, así, de invertir en la pulsión política X-Net (término que agrupa a las diferentes posibilidades del mercadeo Internet, por diferentes medios y con diversos fines) a través de profesionales estrictos en estas cuitas (nuestra empresa, claro), que puedan aplicar a los cometidos políticos las enseñanzas de dos lustros de comercio electrónico y las nuevas técnicas de persuasión Web. |
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