Pues igual que en la paella: ingredientes de calidad (sofisticados como un bogavante, o simples como nabos[1]), y experiencia en su integración (la cantidad justa de aceite, arroz y agua). Pero, sobre todo, igual que en la paella, por su resultado, en el que el comensal/usuario lo tiene que decir todo, y que, a la vez, tiene una esencia per se que trasciende la mera unión de componentes. Pero examinemos la correspondencia con más detalle: Jerga SoftwareJerga de la CocineraEspecificación de Requerimientos (SR)¿Cómo queréis el arroz hoy, pandilla de salvajes?Arquitectura Software¿Paella de arroz, conejo y caracoles?Subsistemas arquitectónicos adicionales en capas de valor¿Con su pimiento rojo y garbanzitos?Inserción de la Solución en un sistema abiertoPues va a tener que ser de pollo en lugar de conejoCambio en la Arquitectura y renegociación de la SREstá bien, será de conejo, pero sólo si me ayudáis luego a quitar la mesa.Adopción de un modelo de componentesSeguiré la receta de mi madreAdquisición de componentes de third-partiesToda la carne es de la carnicería de la esquina: buenísimaCodificación de los propios componentesY los caracoles los he engañado yo mismaEntorno de desarrollo¡Eh, mirad esta hermosa paella para 14 personas! ¡Justita para nosotros cuatro!Integración de componentesYa está todo bien rehogado con las ñoras y los ajosLenguaje de ProgramaciónAhora añadimos el arroz hasta que se empapeMapping entre Software y RequerimientosSólo resta añadir la cantidad justa de aguaMapping con repositorios softwareSi lo hubiera sabido antes habría comprado más conejoDiseño de interfacesPara el color añadimos unas hebras de azafránTestingVamos a probarlo de salEquipo de Desarrollo¡Si es que soy una fiera corrupia haciendo paellas!Empaquetamiento ComercialAhora lo adornamos con estos pimientos y... voilà!Lo cierto es la paella a la vez un concepto, una forma de entender la comida, la comida en sí y el recipiente en que se cocina[2]. Que es exactamente lo que yo querría del software. Me explico: detesto las latas de paella precocinada o las bolsas de paella congelada, como aborrezco las promesas de un estupendo "arròs a banda" en un garito de Reno. O sea: no creo en las soluciones software tipo paquete, pues ora pequeños (como Delphi) ora monstruosos (como SAP) la sabiduría femenina siempre los tildó de insuficientes. No creo, tampoco, en las promesas de buen-hacer y en el "fiate-de-mí" provenientes bien de Manolo-el-chico-de-la-esquina, bien de aquella amenazante-multinacional-del-hemisferio-oeste. En realidad tales enfoques, que están llenando la historia de sonoros fracasos, llevan a afirmar del software lo que Mussolini achacó a la política: "Arte bárbaro de producir víctimas ilustres". Quisiera, más bien, que no hubiera distinción operativa (y, por ende, semántica) entre el software y los contenidos (datos, assets multimedia, etc.) que aquél maneja; y que la experiencia software pudiera ser distribuida y compartida: cuando una madre enseña a su hija las medidas de arroz a "puñados/persona", en la adaptación de la medida de la mano de la madre a la de la hija, en el repetido probar de esta última, se produce la inadvertida adaptación de las medidas totales que finalmente acabarán en sólida paella, primero con ingredientes fijos y más tarde con la prestancia de lo disponible. La adaptabilidad de los patrones productivos es, pues, una realidad en el dominio de la paella. ¿Cómo, entonces, todavía no lo es en el dominio software? No es cuestión, como hemos visto y conocemos, de recetas o métodos, sino más bien de una conjunción afortunada de los elementos disponibles para conseguir el mejor resultado posible. Como bien relata Ángel Muro[3], "el arroz [en la paella] se mezcla con toda clase de pescados, aves y carnes, [...] con todas las legumbres y verduras, [...] anguilas, algunos caracoles bien lavados". O sea, pura genérica componenda de todo tipo de componentes. Esto es: DNA, Jini, ZAW, Beans y, encima,... ¡un resultado apetecible! Y además, a diferencia del arroz en la paella, ¡el software puede moverse y cambiar mientras se está cocinando! En definitiva, y aparte del "Patrón Paella" (que desde ahora sugerimos incluir en su catálogo software de patrones en su servidor web[4]), es claro que no vamos a enunciar receta alguna para la construcción de software, pero sí aconsejar al lector que, ante la futura composición, integración o compra de software, aplique como criterio diferenciador lo que yo vengo en llamar "El Principio de la Paella", que reza así: "la granularidad de un sistema software comercial ha de ser tal que permita, a la vez, su utilización ad hoc como un todo, y la de cualquier subconjunto de sus componentes de forma independiente en un entorno distinto". Es decir, para entendernos, que "el arroz ha de estar, a la vez, cocido y suelto", al gusto valenciano[5]. Y no se fíen de otro tipo de soluciones más compactas (casas macizas) o absolutamente modulares (lluvia de meteoritos), o, simplemente, de la comercialización brutal impulsada por frases totémicas (systems integration, risk management, knowledge systems, etc) porque, tal y como está el actual circo comercial software, en frases como "La paella es a Java lo que la fideuá[6] es a Microsoft" los nombres son perfectamente intercambiables. Y es que, como bien anunció Quevedo, "todos los que parecen estúpidos, lo son". Alicante, 13 de septiembre de 1998 [1] Teodor Llorente, en unos famosos versillos valencianos, pondera al "arròs amb fresols i naps" de culmen culinario. ¡No se lo pierdan! [2] Lo que en otros lares denominan "paellero" se nombra, también, "paella" en el reino de Alicante. Y, la verdad, "paellero" -por sartén- por acá ni se menta. [3] Angel Muro, Diccionario General de Cocina, 1892, Faquineto, Madrid. [4] Insto desde aquí a los lectores a que me remitan su versión electrónica -con arreglo a las normas de Alexander, del libro GOF u otras- del "Patrón Paella" aquí expuesto. Se publicaría –en el futuro–, naturalmente, la más prudente :). [5] Entiendo que tal gusto es, por este orden, alicantino, castellonense, valenciano, tarraconense, leridano y murciano. [6] Siento decir que los fideos en paella, escróticos o no, sólo se me antojan resignado remedo de un buen arroz al punto. Claro, que yo soy alicantino. Claro. |
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