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Alicante, 02 de diciembre de 1.996 Según Luján[1], un “ciervo”, como elemento de la actual fauna sociológica, es “la persona que, actuando como pagano y víctima consentida, atrae sobre sí el rol socialmente menos atractivo de una situación dada”, mientras que un “reno” es el “victimismo … trocado en fisiología”. Ciervos son los acólitos pendulantes de un ejecutivo japonés en un sarao, como son ciervos las personas incapaces de resistir los repetidos embates invitativos de las señoras de alterne; ciervos resultan, al fin, los programadores que, a fuerza de rutina, se convierten en contables con manguitos y ceño fruncido, y escupen código y frustraciones por igual. |
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Todo esto, en fin, viene a cuento de la aburrida novela de Mr. Coupland, traducida recientemente y con bastante retraso al castellano: Microserfs, MicroSiervos. En este libro X® se relatan voluntades infantiles, relaciones inmaduras, sexo 7-Eleven y trabajos sin linde. El hilo que lo trae a esta columna es que sus protagonistas son jóvenes informáticos con un fuerte punto referencial en Microsoft y, en particular, en la figura de Bill Gates. Y, por supuesto, son perfectos MicroCiervos. Apple, Microsoft, Xerox PARC y otras instituciones dolentes sirven de escenario a consideraciones hiperindustriales tan cercanas a la realidad tecnológica como el argumento de BarbWire a Casablanca. Nerds, geeks y personajes de distinto tipo (identificados por el carácter de su empresa: viriles en Intel, etc.) pululan por lo que se pretende un relato devastador de voluntades ancladas en la basura residual de la publicidad. Claro que dicho así no suena mal. Pero la realidad es que los microciervos descritos podrían muy bien haber trabajado en el ramo cárnico, como sexadores de pollos o como presentadores del Jeopardy (un absurdo juego americano de respuestas y preguntas, en ese orden). Microsoft y Apple. Microciervos y macmarrachos. Se trata, ya lo adivinó el lector, de una cuestión gringa. El programador (en representación de arquitecto, depurador, analista o ingeniero de software) pierde su contorno vital, y lo invade una suerte de gelatina formada por tecnicismos, concursos televisivos, rumores laborales, acrónimos y comida basura. Se trata, de nuevo, de la invasión del modo de vida in-vitro americano, de las hamburguesas de receta imposible y de las estúpidas metas uno punto cero. Claro que no abundaré más en el argumento de un libro que se me hizo interminable: desde ya les anticipo que ni muere nadie (importante baremo del interés) ni ocurre nada sustantivo, y las supuestas ideas ingenioso-filosófico-técnicas (expuestas por el autor, claro) no se diferencian mucho de las que uno podría encontrar en alt.2600 ó alt.sexo.es, o de las que plantean en distintos foros electrónicos los impresentables periodistas de Mississippi/Tele5. Una sola pregunta: ¿De dónde demonios habrá sacado Coupland tanta información técnico/comercial deshilvanada? Porque el texto parece una fusión aleatoria de cotilleos de segunda página de revistas del ramo, pero de revistas de consultorio médico, reunidas con desgana para que el pagano sustancie la espera. Ya saben, pura basura americana envuelta en aluminio mercadotécnico. Alicante, 02 de diciembre de 1.996 [1] Domingo Luján, “Ciervos, Renos y Astados: Fauna Urbana de los 90”, 1995, Tesis Doctoral, UNAM. |
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