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Alicante, 15 de marzo de 1.996 En lo que sigue he resuelto mostrar el carácter y costumbres de algunos de los especímenes que pueblan los equipos de programación en diferentes empresas y situaciones. Naturalmente yo los he conocido, así que si el lector también identifica a algún especimen la herencia electrónica quedará satisfactoriamente probada. Claro que esto no es “Dublineses” ni yo pretendo agotar el tema, por lo que obviaré bastantes detalles: Pedrito Grillo: “Ya te dije que esto no podía funcionar” “Si me hubierais hecho caso y trabajado con X[1] ...” “Si grrefesdif hubieseis fortelkestimonrr entonces ahora buarffstik, y slomberff ya os lo dije”. El lector ya habrá notado que Pedro es el desafortunado resultado de un cúmulo de despropósitos educativos, finalmente concretados en la triste realidad de su mediocridad evidente. |
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Pedro gusta de pasear libros llamativos y comenta al perceptible nivel de la tontería, como queriendo hacer notar “qué desperdicio no usar de mis conocimientos” al tiempo que clarificaría “pagando, por supuesto”. A no ser que el jefe del proyecto sea de madera (gepettiano, diría), Pedro no es una compañía de recibo (al menos pagando). Ramón Gruñón: Su mesa de trabajo, y esto es un claro eufemismo, despide “groumffss, brrrrrrs, af, af” y otras lindezas que asegurarían su inclusión en cualquier zoo intergaláctico. Ramón ha sido víctima, sin saberlo, de un proceso degenerativo conocido como “cristalización neuronal”: las frases iniciales “así no me gusta” “esto es muy lento”, “pues si mi opinión no importa ...” se transforman, merced a la repetición y al mascullar, en la misma materia de que se componen los rosarios de las beatas viejas: una amalgama de sonidos guturales que generan estupor, desazón y ansias homicidas. Su obsesión consiste en insertar comentarios inaccesibles y lesivos en los programas compilados. El síntoma más evidente de su trabajo es que los sistemas también gruñen, quejosos, cuando se ejecutan sus programas o implementan sus diseños. Pepito Código: “¡No me digas más, que esto ya lo hecho muchas veces!” es la frase que suele preludiar el desastre, el crujir de dientes y la contricción ajena sin consuelo. Pepito codifica velozmente, pero sólo para poder rehacer el imperdonable código inmediatamente anterior, de tal manera que al final quedan muy pocas líneas que se anuncian como “la quintaesencia aplicativa” y que, en realidad, son el abono pútrido sobre el que edificar otro código sustancialmente distinto. Naturalmente Pepito de forma inconsciente piensa que el resto del mundo, más o menos, se ha conjurado para desmerecerle, de manera que, en justa venganza, codifica penosamente (esta es su excusa, claro). Rafael Redes: “Alpha más TCP/IP es a HTTP como SPX/IPX es a ... ¿qué?”. El transporte se ha convertido en una obsesión para Rafael: lo importante es mover la información, organizarla, segmentarla y duplicarla: en fin, las características que preludian a un asesino en serie o a un infame realizador televisivo. Lo usual es que Rafael desarrolle tendencias psicopatológicas respecto de ciertos productos y esquemas, independientemente de su utilidad práctica en el ámbito de la empresa, a la par que velozmente aumenta su autoestima debido a una injustificada euforia tecnológica. “La red soy yo” es su frase coronada. Gertrudis Salvapantallas: Muy amiga de Antonio Ordenaiconos, pasa la mayor parte de su tiempo eligiendo y configurando programas que únicamente trabajan cuando ella no lo hace. Su embrutecimiento llega a tal punto que es capaz de esperar impasible muchos muchos minutos para comprobar cómo entra en funcionamiento el dibujito o frase del día. Recientemente intentó estrangular con un cable ethernet a un incauto que le movió el ratón mientras esperaba, pasada ya una hora, que apareciera en su pantalla la frase “Numancia 99 - Barcelona 0”. Adolfo Sistemas: Los equipos acumulan, como años mi abuela, sistemas operativos, protocolos, gestores y utilidades de todo tipo y condición. Su actuación es fácil de predecir: basta con que algo funcione razonablemente para empezar a temer una nueva adición, usualmente perpetrada con nocturnidad y clara alevosía: “¡Demonios! ¿Qué le ha pasado a mi máquina? ¡Ayer funcionaba con normalidad en Windows y ahora arranca en Linux!”, son algunas de las frecuentes e infundadas quejas de los poco formados usuarios, que no aciertan a agradecer el enorme esfuerzo interdisciplinar de Adolfo. Paco Dudas: “¡Vaya! ¡Seguro que si le hubiera dicho que ...! Aunque, ahora que lo pienso, también podría ser que ...” son sus frases definitivas. Felipe, de Quino, podría ser su héroe si se lanzara a tener uno. Su actuación laboral cabalga entre lo infantil, lo galáctico y una cierta continua indignación. Como analista duda qué trabajo encargar a los programadores, así que intenta hacerlo él mismo todo, seguro (?!) que así al menos no se le malinterpretará; como programador intenta ponerse en el puesto de ... ¿quién?, así que la duda le corroe y no se pone finalmente en ningún sitio, para su propia tranquilidad e interno regocijo. Andrés Ventanas: La configuración del PC de Andrés no es apta para mentes impresionables, porque si uno hace click-click con el ratón en un icono ... ¿qué pasará? Miles de programas, velocísimos, se ejecutarán antes de dar tiempo siquiera a mirar los rótulos que muestran, de forma que el resultado será ... ¿qué? Mientras observa nuestro lógico desconcierto, Andrés se congratula de su sofistificación malsana. Naturalmente Andrés ha añadido contraseñas de acceso a sus salvapantallas, a su teléfono, a su agenda personal y a la parte prudente de su cerebro, de forma que el acceso es, en cualquier caso, imposible. Capitán Kirk: Cualquier persona prudentemente razonable que asista a los desmanes electrohumanos detallados. Su única frase posible es: “Teletranspórteme, Sr. Scotty, que aquí abajo no hay vida inteligente”. Alicante, 15 de marzo de 1.996 [1] Sustituir por Delphi, Visual Basic, Visual C++, Pascal, etc. Lo importante es decirlo, claro. Y que no coincida con el producto actualmente usado. |
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