Negocio, pues, revestido de “e” es lo que supone especulación terráquea o pasmo amazónico, envidia ciscante o codicia expediativa[1]. Todo ello negocio, al fin, aderezado de la “e” sulfatant-e, la doble "e" de p-e-dant-e, la "e" de e-lectrólisis y de nuevo la "e" de e-business: de todas ellas tratará y hará gala el presente artículo. ¿Hacia dónde camina el software (perdón, el softwar-e)? Señores: el software ya no camina, sino que vuela, y esta leve transposición parece hacer olvidar el elemental hecho de que el software ya no podía seguir transitando, sin zapatos, por zonas terrestres tan rudas. Porque volar no es más que un escape debido a la imposibilidad de la continuidad (igual que el cielo es la imposibilidad de las cornejas, que decía Kafka). En realidad la “e” dichosa, epítome de la traslación de intereses software y del pasmo mercadotécnico, lo que ha generado es una polarización electrolítica, merced a la que ya podemos ver, por su evidente desplazamiento polar, el signo y sentido de distintos métodos y técnicas. Pero, sobre todo, podemos ahora polarizar ciertas asentadas imposturas o insuficientes convencimientos. Y es que “e-business” significará, últimamente, “negocio electrolítico”, cuya definición implicará la concienciación temporal sobre las tecnologías que sirvan para servir al cliente, último rey, origen y destino de las actividades industriales. En lo que respecta al tiempo presente, he aquí algunos[2] sedimentos de tal polarización: * Java NO es el lenguaje universal de computación: De hecho Java pudiera ser tan universal como lo es la tontería: se supone ubicua, pero algunos –irreductibles– intentan cuidarse de ella. Y es que lo que Javasoft/Sun pretende universal es la preeminencia del bytecode Java y de la arquitectura del JDK. El reciente hecho de que Sun abandone sus intentonas de normalizar internacionalmente Java (abandonando su postura frente a ECMA), y las listas de argumentos esgrimidos (oficiales o no) hablan más de control comercial que de universalidad redimidora. Cabe decir, de nuevo, lo que se ha anunciado desde el principio del pasmo Java: Lenguaje 0 – Plataforma 1. Quizá lo único que se pueda esgrimir a favor de Java es su incesante desarrollo; claro que cabe aquí recordar a Dumas: “prefiero los málvados a los imbéciles; aquéllos por lo menos descansan”. * Java NO es idóneo para implementar clientes software e interfaces gráficas de usuario: En el tercer trimestre de 1.998 Java y su plataforma traspasaron la línea del techno-chasm sin ofrecer soluciones efectivas y/o eficientes. Así que... ¿línea? ¿tecno-qué? Perdón: me refería a la línea que separa la adopción tecnológica por parte de compradores/programadores compulsivos y la asunción tecnológica por el público general, que no se deslumbra por el bromuro informático y busca funcionalidad evidente[3]. Los tan presurosa –y primorosamente– anunciados compiladores JIT (Just-in-Time) han traspasado también la categoría de anuncio tecnológico para engrosar las candidaturas de los premios Nebula y Hugo, mientras que el Swing se ha demostrado más bien fondón. Claro que a nadie le pilla de sorpresa algo que Javasoft, durante el cuarto final del pasado año 1998 ha ido anunciando privadamente por doquier y por el mundo entero. * Los sistemas ERPs SON como las Herpes: para mayor gloria de Ridley Scott y de su creación alienígena (que a su vez merita a Joseph Conrad), el software de ERP se adueña paulatinamente de sus anfitriones en una simbiosis destructiva a la de Alien: una vez instalado no se puede extirpar sin dañar mortalmente a la entidad soporte, y mientras “chupa fluidos vitales” procura, a la vez, drogas placenteras que facilitan su adopción “mental”. Claro que este es el modelo de Ficción Científica, cuando el modelo de “molesta patología endogámica” da mucho más de sí: las (H)ERP(E)s se instalan en un sistema de información y, fagocitando los sistemas adyacentes, crean la ilusión de necesidad y la patología adictiva de las drogas (con sus efectos a medio y largo plazo, naturalmente). Un ERP se adueña primeramente de los procesos de negocio, imponiendo una visión “porteriana” de la realidad negocial, que se traduce en la inmovilidad artiesclerótica de los procesos denominados “core”. Ocurre, empero, que la cadena de valor de Porter se ha traspuesto para emplazar al cliente en su inicio, de forma que cualquier cambio en la atención y disposición de tales clientes causa un paralelo cambio sustancial en los hasta hace poco estimados inamovibles procesos nucleicos del negocio. Claro que los ERPs, por su propia concepción planificadora, no pueden lidiar con tales cambios urgentes de requisitos. Bueno, sí pueden lidiar, pero con resultados cruentos, claro[4]. Entonces es cuando el anfitrión nota las inconveniencias del huésped, pero, como yo mismo señalé en la reciente II Conferencia Española sobre Patologías Informáticas, “Los sistemas ERPs son como las Herpes: una vez instalados no hay forma de deshacerse de ellos sin amputar”. * El futuro de la humanidad (conocida) NO pasa por el e-business: Como se notó al principio de este artículo, el término “e-business” supone la canonización de las actividades de “e-commerce”, que suenan (y resuenan) demasiado prosaicas para los clientes y, por ende, para las firmas consultoras. Pero lo cierto es que el tal “negocio-e” (o e-negocio, o neg-ocio) no constituye, de ninguna manera, un corpus doctrinal en el que basar técnicas, tecnologías o métodos. En realidad se trata de una simple estrategia mercadotécnica de asociación de futuribles a deseos corporativos mediante la convergencia en un término/jerga que distinguiría este movimiento de otros. E-business es, pues, todo y nada a la vez; es garantía de cambio y justificación del inmovilismo; es lifting consultor y cirugía plástica corporativa; es, con todo, asunto de dinero y de ínfulas, de mantenimiento de clientes y del 1-to-1 que, al reves del 1-times-1, intenta arrojar un resultado superior al de sus multiplicandos. E-business supone, en el fondo (y en la mente inconsciente corporativa de las firmas sensatas), la afirmación personal de la “visión particular de negocio” asociada a la focalización en el cliente, en detrimento de las cadenas productivas absolutas en marcos de calidad. Se trata, pues, de la afirmación de la persona, del ímpetu personal, frente a la maquinaria contable corporativa (y las bolsas están dando buena cuenta de este particular enfoque). ¿Podemos, pues, simplificar el negocio electrónico hasta tal punto? Sí, pues no estamos simplificando, sino circunscribiendo: visiones personales frente a inercias corporativas. Esto lo expresó muy bien Eric Schimdt, CEO de Novell, al afirmar que URL significa: “Ubiquity First, Revenue Later”. * Los nuevos sistemas NO necesitan programadores especializados: Si preguntamos a diez dentistas cuáles son los tres males de la informática actual, al menos nueve de ellos responderán “programadores, programadores y programadores”[5] para después añadir “y, digámoslo a su favor, todavía no se demostró que también provoquen caries”. Y es que ya no se necesitan programadores porque la programación, de hecho, pasa a ser una actividad marginal, en franca vía de desaparición y con escasa relevancia social[6]. Al principio de la década (de ésta, de los ’90), “Ed” Berard señalaba que los programadores serían rápidamente sustituidos por los “Analistas de Dominio”; al final de la misma década, los programadores se asimilan a “homeless” para los que habría que dotar programas específicos (y valga aquí la cruel similitud) de reinserción social. Las tecnologías se normalizan/estandarizan con pasmosa facilidad, mientras que los lenguajes (alma primera y destino final de los programadores) se estancan en su completitud sintáctica y en su formalidad modeladora, pasando a ser lo que desde el principio hubieron, tuvieron que haber sido: utillaje de unión, del mismo nivel que los pegamentos industriales[7]. Respecto de la programación (y sobre todo de los programadores, de sus causas y de sus satisfacciones) cabe citar, de nuevo, a Dumas: “Yo me aburría: he aquí como empezó; ella me aburría: he aquí como terminó”. * La Web tiene un gran futuro TRAS de sí: Naturalmente la web es una actividad inercial, por lo que, muerta o no, tal y como la habíamos conocido (o estamos conociendo) continuará siendo (ab)usada. Buda murió y su sombra persistió cien años, así que durante muchos meses vamos a seguir viendo bobadas web basadas en formularios HTML/CGI, en diseños rampantes, en traslaciones publicitarias diarios-web, en animaciones mareantes, en ridículos portales y en pomposas sobreactuaciones “Flash y Shock”. Y es que la web se ha circunscrito, intuitiva y masivamente, a los navegadores/paginadores, que no son sino particulares “visualizadores” de formatos de presentación. Pero, en el fondo, la web supone la trasposición del modelo cliente/servidor a lo que se conoce como “informática ubicua”, en la que cada cliente, en lugar de actuar como nodo terminal de presentación e interacción “personal”, se convierte en un posible servidor cualificado XML o de objetos DOM respecto de otros clientes. Así, los flujos de información discurren por clientes y servidores en calidad de “conocimiento continuamente cualificado”, de forma que los clientes operan en calidad de “apresadores temporales” de condiciones e interacciones. Un portal estaría, pues, preparado para la gestión “humana”, para la “integración con legacy systems” y, por supuesto, para la compatibilización con WAP. Claro que la web se nos ha venido imponiendo por web-os, o mejor por huebos, así que la re-estructuración cultural va a ser todo menos fácil, sobre todo para los implicados en tecnologías de la información. Y es que, como afirmaba Alan Cooper, éstos siempre deslizan el dial del Modelo de Manifiesto hacia sus propias cuitas, manías y carencias. Naturalmente nada acaba aquí, a excepción del espacio editorial, así que resta mencionar, aún a título de titulares, otras polarizaciones: * La formación universitaria NO prepara a sus alumnos para asumir los actuales retos profesionales. * XML NO es la solución a todas las cuitas informáticas actuales. * La novedad de las actuales tecnologías NO supone que cualquiera pueda “subirse al carro”. * Las herramientas CASE NO son un método adecuado para controlar los actuales proyectos software. * El Groupware es al COMMUNITYWARE lo que la cárcel al matrimonio. * El Componentware viste mucho, pero NO abriga nada. No todo queda dicho aquí, pero finalmente el panorama sí ha de quedar, pues en su horizonte descreído es donde únicamente tienen sentido la nueva computación y las nuevas ínfulas profesionales. De cualquier forma, quede como regla ante cualquier nuevo pasmo, regla o tecnología, si es posible aplicar o no (y de aquí infiera consecuencias el lector) la famosa frase de Lichtenberg: “Conocí a X: la vanidad era uno de sus cuatro talones de Aquiles”. [1] Terra, Amazon, Cisco y Expedia deben ser marcas registradas. Deberían. [2] Los editores no me dejaron espacio ilimitado para relatar imposturas, así que me limitaré a las más lesivas, claro :) [3] El lector interesado –o el impertinente– fácilmente descubrirá que me apropié de la idea y términos que Donald Norman expone en “The Invisible Computer”, extraídas a la vez de... y de... [4] Mientras se localiza al equipo de consultores (al mejor estilo de comandos) que habrá de “re-configurar” el ERP, la empresa perderá una importante cuota de mercado, pues los plazos de respuesta han descendido de meses a días. [5] La misma consulta, efectuada a un grupo reducido de psiquiatras (sus actividades gregarias masivas sólo se dan en entornos hosteleros y de ágapes sustantivos), arrojó el interesante resultado de “programadores, programadores, programadores y... consultores”. Es interesante reseñar, también, la opinión de Beavis & Butthead: “Programmers suck!”. [6] “Programadores Anónimos” es una entidad que en los últimos tiempos está ganando incesantes adeptos, y cuyo credo se basa en superar la vergüenza inicial del reconocimiento “Me llamo Ricardo Peris y... soy programador” para luego abordar terapias de cura y de alejamiento gradual, pero insistente, de teclados, ratones y lenguajes perniciosos. [7] Si uno lee a Gibbon no infiere que odie a los romanos, sino que necesita encontrar explicaciones plausibles a su caída. De la misma forma, yo amo programar (en Smalltalk o en lenguajes serios, claro), pero eso no eleva ni un ápice el nivel de la tarea misma de programar. |
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