| Porque resulta que existen "desarrollos" "desarrollados" por "desarrolladores", y el asunto se magnifica en "días del desarrollador", "cursos para desarrolladores" e incluso "productos desarrollistas". Lo sorprendente es que esto tiene que ver con las herramientas y lenguajes de programación, con el software, con la informática y, si atendemos a articulistas y feriantes, con el ... ". Pero, esperen, ¿de dónde surgió el pasmo? Parece como si los programadores, especie antaño muy protegida, tras refugiarse durante un tiempo en el ghetto de la jerga y de la complicidad criminal, hubieran emprendido la evolución darwiniana por la vía del lenguaje. Así entiendo que se intente dignificar una profesión que en realidad no existe, en cuya actividad diaria licenciados, quasi-ingenieros y advenedizos disputan el trabajo a mi vecinito del séptimo y a aquel teclista compulsivo del rellano[1]. Entiendo, también, que se intenten insuflar connotaciones creadoras a un nicho laboral en el que, al final, todos devienen autodidactas o, lo que es peor, zombis departamentales con teclados filiformes. Pero la redención por el léxico me parece excesiva: ¿se imaginan una tarjeta de visita que rece: Perengano Pérez, Desarrollador[2]? ¿No les suena en realidad a: Mengano López, Ateo? ¿O, mejor, a: Fulano Martínez, Alto? Claro que, bien mirado, la verdad es que en informática el auto-prestigio es directamente proporcional a la lejanía de la actividad y a la imbricación en actividades bien regladas, de manera que un alto título es el de "arquitecto de Software", no quedándose atrás "auditor de requerimientos" o "minero de datos" (tiemblo al pensar en los futuros "médicos de sistemas" y "psiquiatras de diseño"). Y es que, puestos a llevar bata blanca (por la suciedad del código, ya saben), ¿cómo soportar las estáticas connotaciones sectarias de "programar" sin dejarse seducir por el voluble arte del "desarrollo"? Humm, la verdad es que, a mí, cuando me hablan de desarrollos siempre pienso en julios. Los vendedores de congresos y de fanfarria software sueñan, en cambio, con pingües agostos. Como ven, el "desarrollo" es, en todo caso, una moda estival. Alicante, 24 de abril de 1997 [1] Para que nadie se moleste, he de notar que en absoluto tengo nada contra los advenedizos. [2] El esnobismo extremo llega cuando el escasamente desarrollado "desarrollador", al ir a entregarnos su tarjeta de visita, hace como que repara en la pomposidad del título, lo cruza con una línea de bolígrafo (que no obstante lo deja perfectamente legible) y nos entrega la tarjeta sonriendo, al tiempo que anuncia: ¡Qué demonios! Tú me puedes llamar "Des". Este es uno de esos momentos en que lamentas no pertenecer a la mafia. |
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