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Adulterio Informático


Ricardo Devis
Botella

 

Hace ya algunos años que me casé con M. Y la verdad es que las cosas nunca nos fueron del todo mal: tras algunos abortos imprevisibles, unos cuantos hijos razonablemente bien parecidos se habían colocado en grandes empresas, mientras que otros soportaban algunos problemas médicos de difícil catalogación. Pero, claro, uno siempre intenta abrirse a nuevos... bueno, lo cierto es que de repente me encontré viviendo una aventura, así que resolví andarme con cuidado. Intenté llevarlo con cierta discreción, pero creo que mi mujer empezó a sospechar algo el día que, tras los postres me espetó:

 

"¿Qué hacen estos applets Java en los pantalones que me diste ayer para lavar?" Yo me azoré un tanto y, tras sopesar cientos de líneas de ética geométrica, le dije que aquello era una sucia mentira; que sin duda se trataría de controles ActiveX estropeados, pues había andado ese día en la Administración. No sé si ella me creyó del todo, pero el incidente me hizo reflexionar, así que, para aliviar la tensión hube de ser más cariñoso con ella: “Pero si no hay modelo de componentes como el tuyo, boba”; “Fíjate en estos controles que se te arremolinan aquí, con tantos colores y tan llenos de morbosa inseguridad”; “Me encanta cuando, súbitamente te muestras indispuesta y te olvidas de mí, porque así podemos reiniciar nuestra relación muchas veces”. Claro que también había de mantener contenta a mi amante, J, así que le susurraba: “Me gustas porque contigo puedo ejecutar nuestro amor en cualquier plataforma: aquella mesa, este lavabo”; “Y además me siento tan seguro contigo...”; “Y no creas que me importa que seas un poco torpe, que cambies de carácter día a día o que continuamente estés pasando por el quirófano”. Lo cierto es que la situación parecía mantenerse y yo me mostraba muy ufano, hasta que J empezó a dar muestras de impaciencia: “No sé cómo puedes vivir con una mujer tan insegura y, además, tan propietaria”; “A ninguno de mis amigos le cae bien”. Y es que, finalmente, J me pedía amor universal y, sobre todo, que abandonase a mi mujer. Más aún me asustó la imposición de que me separase de mis hijos, pero J me prometió darme otros que se le parecieran mucho y que, en cualquier caso, podían simular las deficiencias de aquéllos e incluso alcanzar los mismos puestos de responsabilidad. Lentamente iba yo cediendo ante tales requerimientos y promesas, y eso pese a que mi esposa había empezado a arreglarse y parecer más atractiva (unos toques de CORBA por aquí, un DNA por allá). Al fin la juventud de J se impuso y abandoné a M. El proceso de migración de mis hijos de una esposa a otra (porque, ya saben, hube de casarme de nuevo) resulto ciertamente penoso e incluso tuve que recurrir a la cirugía, pero al final, en cierta manera, el conjunto funcionaba. Así que viví una época de desarrollo, de promesas y, sobre todo, de APIs. Claro que, pasado un tiempo... ¿necesito decirles más? De nuevo todo empezó cuando una noche mi nueva esposa me preguntó “¿Qué hacen estos canales XML en los pantalones que me diste ayer para lavar?

 
 
 
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